La importancia de crear hábito entre el alumnado para que la innovación educativa sea un éxito. Año 2018.

Resumen del capítulo de libro «Micro Flip Teaching with Collective Intelligence. Springer. Año 2018»

 

¿Por qué es importante crear hábito?

La innovación educativa docente se suele asociar a la metodología y la tecnología
aplicada. Sin embargo hay aspectos clave que dependen más del día a día en el aula
que de la metodología y tecnología utilizada. Estos aspectos clave son tan importantes
que pueden hacer que una determinada innovación se un éxito o un fracaso.

En el artículo citado se demuestra que no se tienen en cuenta estos aspectos clave
(podríamos denominarlos estrategias para crear hábito) o la innovación educativa puede
resultar un fracaso.

Metodología utilizada

Flip Teaching (también denominado Aula Inversa y Flipped Classroom) es un método enmarcado en las metodologías activas. Consta de varias modalidades dependiendo de la interacción entre sus dos fases (lección en casa y deberes en clase).

 

En investigaciones anteriores se creó un método denominado MicroFlipTeaching (MFT) con una gran interacción entre estas dos etapas. Una de las características más importantes es propiciar este hábito de activación dentro del alumnado, tanto en la tarea “lección en casa” como en la de “deberes en clase”.

 

Indicador para medir el éxito de la metodología

Una de las principales consecuencias del aumento de la actividad es que tanto el alumnado como el profesorado generan una gran cantidad de recursos. En este artículo se trabaja en la organización inteligente del conocimiento generado como un hábito en la innovación educativa.

 

La idea principal es que éste se clasifique y organice de tal manera que al alumnado le sea sencillo identificar el material más adecuado para realizar una determinada actividad de aprendizaje. Su funcionamiento es muy similar a repositorios de aprendizaje basados en búsquedas semánticas.

 

Así pues, el indicador de éxito sería el tipo, cantidad y calidad del conocimiento creado por el alumnado. Para ello se crearon tres grupos con el mismo profesorado, metodología y tecnología. Lo único que varió fue la estrategia de aplicación del día a día.

¿Qué pasó?

Se utilizaron 3 grupos de 30 personas cada una, en uno de los grupos se siguió la estrategia del hábito activo y en los otros dos no.  El resultado fue que el grupo experimental creó una gran cantidad de contenidos, mientras que los del control apenas lo hicieron.

 

Autores

Ángel Fidalgo-Blanco (angel.fidalgo@upm.es) Universidad Politécnica de Madrid, España

María Luisa Sein-Echaluce (mlsein@unizar.es) Universidad de Zaragoza, España

Francisco José García-Peñalvo (fgarcia@usal.es) Universidad de  Salamanca, España

Para más información

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